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Sabio Tarot · Historia y curiosidades

Las barajas Visconti-Sforza: qué sabemos y qué no

La Reina de Espadas de una baraja milanesa de hacia 1450 tiene un fondo dorado trabajado y pertenece hoy a la Morgan Library & Museum. La ficha comentada por el Metropolitan Museum of Art la relaciona con el tarot Visconti-Sforza y con el taller de Bonifacio Bembo. Podemos identificar un objeto, una fecha aproximada y una atribución. No podemos reconstruir sin huecos todas las partidas en las que intervino.

Esa diferencia entre pieza conservada y relato completo hace especialmente valiosos estos tarots. Son una ventana material al siglo XV y, a la vez, una invitación a leer con cuidado lo que un museo afirma y lo que deja abierto.

No hay un único «tarot Visconti»

El Met distingue tres conjuntos de lujo del entorno milanés de mediados del siglo XV. Uno se relaciona con Filippo Maria Visconti y conserva 69 cartas en la Beinecke Rare Book & Manuscript Library de Yale. El conjunto llamado Visconti-Sforza se asocia probablemente a Francesco Sforza, que se casó con Bianca Maria Visconti; sus cartas conservadas están distribuidas entre la Accademia Carrara de Bérgamo y la Morgan Library & Museum. El tercero recibe el nombre de Brambilla por un propietario posterior y se conserva en la Pinacoteca di Brera.

Los nombres de los conjuntos son herramientas de catalogación. No equivalen a una etiqueta que cada carta llevara cuando salió del taller. Tampoco prueban que la composición exacta de un conjunto sea idéntica a la de otro. Decir «las cartas Visconti» sin especificar cuál puede ocultar diferencias importantes.

Lo visible: materiales, figuras y procedencias

Las descripciones del Met identifican cartón o papel encolado, pintura opaca y fondos de oro trabajado en piezas de estos conjuntos. El V&A muestra asimismo cartas italianas pintadas y doradas de hacia 1490. La técnica habla de objetos que podían exhibir riqueza y destreza, además de servir para jugar. Observar una pieza concreta evita convertir «lujoso» en adjetivo vago: el oro, el tamaño y el tratamiento de la figura son datos catalogables.

Las imágenes también hablan de un mundo visual reconocible para su público. El V&A señala, por ejemplo, un emblema heráldico Visconti en la Sota de Oros de su colección. Una referencia familiar en una carta no convierte el conjunto en una biografía cifrada ni en un sistema de predicciones: para esas conclusiones haría falta otra evidencia.

Lo incierto: cartas perdidas y formas tempranas

La baraja Visconti más antigua que describe el Met difiere de la estructura habitual actual. Puede incluir hasta seis figuras de corte por palo, con versiones femeninas y masculinas en varios rangos, y añade tres virtudes teologales a los triunfos más conocidos. El propio museo deja abierta la interpretación: no sabemos si era un diseño excepcional o una etapa anterior a la estandarización.

Esta incertidumbre enseña una regla histórica básica. Si faltan cartas en un conjunto conservado, no sabemos automáticamente si nunca se fabricaron, se perdieron, se sustituyeron o terminaron en otra colección. Y si una baraja posee cartas que hoy nos parecen «extra», no sabemos si eran la norma de su época o una petición singular. El inventario material acota las preguntas; no las resuelve por decreto.

Un ejemplo útil es comparar la lista actual de 22 cartas mayores con una lista inferida a partir de fragmentos antiguos. La primera es un conjunto editorial completo. La segunda puede contener lagunas de conservación. Rellenar cada hueco con una carta moderna sin marcar la reconstrucción hace pasar una hipótesis por objeto superviviente.

Qué no conviene deducir al leer tarot hoy

Estas piezas no dictan cómo tienes que interpretar una carta contemporánea. Si usas una baraja de Marsella, Rider-Waite-Smith o una edición moderna, sus convenciones visuales y el manual que la acompaña intervienen en tu práctica. La historia de los Visconti-Sforza explica antecedentes de ciertas figuras y su circulación como juego; no ofrece un diccionario original y comprobado de significados adivinatorios para las 78 cartas.

Puedes hacer un ejercicio breve: elige El Carro de tu baraja, busca una reproducción catalogada del Carro Visconti-Sforza y redacta dos listas. En la primera, solo lo que se ve en cada imagen; en la segunda, interpretaciones que proceden de libros o de tu experiencia. Si una conclusión aparece únicamente en la segunda lista, preséntala como lectura actual, no como intención demostrada del pintor.

Sigue con las primeras barajas de tarot para situarlas en el mapa histórico y con Marsella frente a Rider-Waite-Smith para comparar dos sistemas actuales sin confundirlos con estos objetos.

Un fragmento no equivale a la baraja completa

Imagina que sobreviven diez páginas de un libro sin portada ni índice. Puedes describir esas páginas, atribuirlas a una época y compararlas con otros libros. No puedes escribir sin aviso el índice perdido. Algo parecido sucede con un tarot disperso o incompleto. Cuando la cifra de supervivientes no coincide con 78, hay que evitar dos errores opuestos: concluir que el mazo nació con ese número de cartas o completar visualmente todas las ausencias con una edición moderna y llamar «original» al resultado.

El Met ofrece una comparación útil entre el conjunto Visconti y el Visconti-Sforza: sus estructuras no coinciden plenamente. Una lectura superficial podría tratar uno como fallo del otro. La alternativa más rigurosa es formular dos hipótesis y mantenerlas abiertas: ¿era una variación encargada para una corte concreta?, ¿o testimonia una etapa en la que ciertas convenciones aún estaban cambiando? El museo indica que no puede resolver esa disyuntiva. Un artículo responsable debe preservar la incertidumbre incluso si una respuesta cerrada sonaría mejor en un titular.

La dispersión entre colecciones añade otra dificultad. El lugar donde se conserva una carta hoy no es necesariamente el lugar donde se pintó ni el único lugar por el que circuló. Para investigar procedencia, revisa la cadena que documenta la ficha del objeto, no solo la dirección del museo. «La Morgan posee esta carta» y «se fabricó en Nueva York» son proposiciones completamente distintas.

Cómo comparar sin inventar continuidad

Elige dos cartas que representen una figura similar en un conjunto Visconti y en tu mazo actual. Registra nombre asignado, fecha aproximada del objeto, material, elementos visuales y número si aparece. Después anota qué no puedes observar: cartas perdidas, instrucciones de juego originales, intención de la persona que encargó cada imagen. Mantener una columna de «no sabemos» es una forma de precisión, no una debilidad del ejercicio.

La comparación puede revelar continuidad iconográfica en una figura y cambios fuertes en otra. No conviertas un parecido en identidad de significado. Una imagen de la Justicia en una baraja del XV y otra en un manual del XX pueden compartir atributos reconocibles, mientras la explicación psicológica o adivinatoria pertenece al manual posterior. El valor de estudiar el objeto está en ver ambas capas sin fundirlas.

Fuentes consultadas