Sabio Tarot · Historia y curiosidades
El tarot antes de la adivinación: cartas, triunfos y juego
Una carta dorada de un tarot italiano de hacia 1450 muestra una figura reconocible para quien lee tarot hoy. Pero la pregunta histórica no es «¿qué significaba en una tirada?», sino «¿para qué servía dentro de aquella baraja?». Las primeras referencias conocidas al tarot sitúan las cartas en el norte de Italia durante las décadas de 1440 y 1450. Los testimonios que conocemos lo presentan como un juego de cartas con triunfos. La asociación con la adivinación llegó mucho después, según la síntesis del Metropolitan Museum of Art.
Esta diferencia no obliga a elegir entre interés histórico y práctica actual. Ayuda a no presentar una interpretación moderna como si fuera la intención documentada de quienes pintaron las primeras cartas.
Qué tenía aquella baraja
El tarot histórico se construyó sobre cuatro palos italianos: copas, espadas, bastos y oros. En cada palo había diez cartas numerales y cuatro figuras de corte: rey, reina, caballero y sota. Son 14 cartas por palo y 56 en total. Junto a ellas aparecían 21 triunfos con figuras y un Loco. La suma de esos grupos da la estructura de 78 cartas familiar en muchas barajas actuales. El Met describe esa composición; el Victoria and Albert Museum conserva ejemplos que permiten observarla.
Es fácil imaginar las 78 cartas de hoy como un objeto que siempre fue idéntico. Las piezas conservadas aconsejan prudencia. El Met explica que una baraja antigua, llamada Visconti Tarot, presenta hasta seis figuras de corte por palo y tres virtudes teologales adicionales. Los especialistas no pueden asegurar si fue un diseño singular o una fase anterior a la fijación de patrones más familiares. La historia de una baraja no se deduce solo de contar sus cartas actuales.
Los numerales antiguos suelen mostrar la repetición de símbolos del palo para expresar el valor. Si el Cinco de Copas presenta cinco copas, esos elementos son parte de la composición de la carta. La presencia de escenas narrativas en muchos menores del Rider-Waite-Smith pertenece a una tradición visual mucho más reciente. Este contraste explica por qué una guía para una baraja no siempre describe lo que se ve en otra.
Qué es un triunfo en un juego de cartas
Un triunfo es una carta que interviene en la jerarquía de las jugadas de manera distinta a las cartas ordinarias de los palos. El tarot se usaba en juegos de bazas, donde las personas juegan cartas por turnos y una carta gana la baza según reglas compartidas. Los triunfos figurativos ampliaban esa estructura. El Loco cumplía una función particular dentro del juego; no era una escena creada para anunciar el futuro de un jugador.
El Met señala que las reglas concretas tuvieron variantes. Por eso conviene describir la función general de los triunfos sin fingir que conservamos una transcripción única y completa de cada partida del siglo XV. Una carta titulada Emperador podía ser reconocible por su figura y ocupar una posición en la secuencia del juego. Eso es una observación histórica distinta de decir que «El Emperador significa estabilidad» en una lectura contemporánea.
También conviene distinguir las cartas de juego ordinarias del tarot. Las primeras ya tenían palos; el rasgo especial del tarot fue añadir el conjunto de triunfos figurativos y el Loco dentro de esa familia de juegos. No hay que atribuir a las cartas de tarot la invención de todos los palos ni de los juegos de cartas.
Qué nos cuentan las barajas que han sobrevivido
Las cartas conservadas son objetos materiales, no solo ilustraciones reproducidas en manuales. Algunas se pintaron para entornos cortesanos con pigmentos y fondos decorados. El Met describe barajas de lujo del siglo XV asociadas a las familias Visconti y Sforza y atribuidas al taller de Bonifacio Bembo. Sus piezas se conservan hoy repartidas entre instituciones; no siempre tenemos la baraja original completa en una sola caja.
Esto importa por dos motivos. Primero, una ausencia en el conjunto conservado no demuestra por sí sola que la carta no existiera. Una pieza puede haberse perdido. Segundo, las diferencias entre barajas sí muestran que el tarot no nació como una edición fija e inalterable. El artículo del Met compara composiciones que divergen en figuras de corte y triunfos y advierte de lo que sigue siendo incierto.
El V&A muestra cartas italianas pintadas y doradas de hacia 1490, junto a reproducciones y barajas posteriores. Mirar un objeto fechado ayuda más que repetir la frase «el tarot es antiquísimo»: permite preguntar quién lo produjo, dónde se conserva y qué rasgos vemos de verdad. Una reproducción del siglo XIX no es un testimonio directo de una baraja del XV aunque imite su dibujo.
La curiosidad que cambia la lectura de una carta
En el uso actual se habla a menudo de «arcanos mayores» y «arcanos menores». Esas expresiones son cómodas para aprender, pero no conviene proyectarlas sin más sobre las primeras partidas. El V&A vincula la difusión de esos términos a desarrollos esotéricos muy posteriores. Para la historia temprana resulta más preciso hablar de triunfos y cartas de palos.
Algo parecido sucede con la idea de que las imágenes forman desde el inicio una historia espiritual cerrada. Podemos usar la secuencia como herramienta interpretativa hoy; para afirmarla como intención de los creadores del siglo XV haría falta evidencia específica. La belleza de una imagen no basta para demostrar el propósito con que se pintó.
Este cuidado histórico no empobrece el tarot. Le da varias capas. Una carta puede ser un objeto de juego de una época, una pieza artística y, siglos después, una imagen usada para reflexionar. Nombrar cada capa permite estudiar el pasado sin quitar valor a la práctica presente.
Cuándo se relacionó con la adivinación
La asociación del tarot con la cartomancia y el ocultismo es posterior a las primeras barajas italianas. El Met sitúa la difusión amplia de esa relación en el siglo XIX. El V&A señala usos adivinatorios a finales del XVIII y su crecimiento durante el XIX. Esas formulaciones no son idénticas: una habla de los primeros usos documentados y otra de cuándo ganaron difusión. Leídas juntas, no justifican decir que todas las personas del siglo XV ya echaban las cartas ni que nadie lo hizo antes del XIX.
Aquí aparece una regla útil para cualquier artículo histórico de Sabio Tarot: distinguir primera evidencia conocida, práctica documentada y popularización. Una fecha puede referirse a una de esas tres cosas. Mezclarlas produce relatos fáciles de recordar y difíciles de sostener.
También por eso se debe tratar con cautela la afirmación de que el tarot procede del antiguo Egipto. Las fuentes museísticas consultadas no presentan las barajas del siglo XV como objetos egipcios; el V&A atribuye esa genealogía a autores esotéricos posteriores y la considera no probada. Ese tema merece su propio artículo, con textos y fechas concretos, en vez de una negación de una sola línea.
Qué observar en tu propia baraja
Saca una carta numeral y un arcano mayor. Describe primero lo visible: palo, número, objetos, figura, nombre y posición dentro de la serie. Después pregunta qué parte de tu explicación procede de la imagen que tienes delante y qué parte aprendiste en un manual actual. Esta separación es una buena práctica tanto para leer cartas como para comprender su historia.
Si quieres una introducción cronológica, empieza por la historia general del tarot. Para aprender una baraja concreta, compara sus imágenes con las fichas de Tarot de Marsella desde cero y Tarot Rider-Waite desde cero. La historia explica de dónde vienen ciertas formas; el manual adecuado explica cómo trabajar con las cartas que tienes.
Fuentes consultadas
- Tim Husband, «Before Fortune-Telling: The History and Structure of Tarot Cards», The Metropolitan Museum of Art, 2016. Consultado el 26-09-2026.
- Rebecca Billingham, Ruth Hibbard y Josephine Nardecchia, «A history of tarot cards», Victoria and Albert Museum, actualización de 2026. Consultado el 26-09-2026.