Sabio Tarot · Historia y curiosidades
Dónde y cuándo aparecen las primeras barajas de tarot
Una carta pintada hacia 1450 y conservada en un museo demuestra que alguien fabricó y utilizó cartas de tarot en esa época. No demuestra, por sí sola, que allí y entonces se inventara el tarot. Esa distinción es el punto de partida más honesto para hablar de sus orígenes.
Las referencias tempranas conocidas se concentran en las décadas de 1440 y 1450 en una zona del norte de Italia que incluye Venecia, Milán, Florencia y Urbino, según el estudio del Metropolitan Museum of Art. La complejidad que el juego ya tenía entonces sugiere un desarrollo previo, pero no permite fechar con precisión una primera partida. Las barajas que han sobrevivido nos dan otra clase de prueba: objetos materiales con imágenes, técnicas y procedencias que se pueden estudiar.
Antes de buscar un «primer tarot»
Las cartas de juego existían antes de los testimonios de tarot. Los palos italianos de copas, espadas, bastos y oros ya formaban parte de ese mundo de juegos. El rasgo nuevo que reconocemos en el tarot es la incorporación de triunfos figurativos y del Loco a las cartas de palos. El Met explica la estructura habitual de 56 cartas de palos, 21 triunfos y un Loco, y advierte que algunas barajas antiguas no encajan sin reservas en ese modelo.
Por eso hay al menos tres preguntas distintas:
- ¿Cuál es el testimonio escrito más antiguo que hoy conocemos?
- ¿Cuál es la carta física más antigua que ha llegado hasta nosotros?
- ¿Cuándo se concibió por primera vez el juego?
No son preguntas intercambiables. Una mención escrita pudo perderse; una baraja pudo circular mucho antes de que alguien la describiera; y conservar una carta no significa conservar la caja completa ni las reglas de quien la jugó. El V&A identifica cuatro cartas italianas pintadas y doradas de hacia 1490 en su colección, mientras el Met describe conjuntos milaneses más antiguos. Cada objeto ilumina una parte de la historia, no el instante exacto del origen.
Los talleres y cortes del norte de Italia
Entre los conjuntos de lujo del siglo XV destacan los asociados a las familias Visconti y Sforza de Milán. El Met atribuye tres barajas supervivientes al taller de Bonifacio Bembo, aunque la atribución de una pieza a un taller no equivale a conocer la mano que pintó cada carta. Una baraja vinculada a Filippo Maria Visconti conserva 69 cartas en la Beinecke Library de Yale. Otra, la Visconti-Sforza, está hoy repartida entre la Accademia Carrara de Bérgamo y la Morgan Library & Museum de Nueva York.
Estos conjuntos muestran un entorno cortesano capaz de encargar naipes elaborados con pintura y fondos dorados. No autorizan a concluir que todo el tarot del siglo XV fuese un objeto de lujo reservado a una única familia. Lo conservado es una muestra sesgada: las piezas valiosas suelen tener más posibilidades de llegar a un museo que los naipes gastados por el uso cotidiano.
El Met documenta también juegos de cartas europeos hechos con grabado y xilografía. La coexistencia de técnicas invita a distinguir la historia de las imágenes suntuarias de la historia de la circulación general del juego.
Qué se puede afirmar sobre la adivinación
La evidencia temprana presenta el tarot como juego de bazas. Una carta de triunfo participaba en una jerarquía de juego; su imagen podía ser familiar a los jugadores sin funcionar como predicción. La asociación del tarot con la cartomancia creció siglos después. El V&A sitúa usos adivinatorios en el final del XVIII y el Met habla de su amplia difusión en el XIX. No hay contradicción: primer uso conocido y popularización son hitos diferentes.
Así, «el tarot nació para adivinar» convierte una práctica posterior en una intención original que las fuentes citadas no sostienen. «El tarot nunca se usó para adivinar» también sería falso para su historia posterior. La frase rigurosa es más interesante: las primeras evidencias pertenecen a un juego, y la cartomancia transformó después el uso y la interpretación de esas cartas.
Una comprobación que puedes hacer
Busca en un catálogo museístico una carta con ficha, fecha aproximada y procedencia. Apunta qué datos son observables —material, imagen, número, inscripción— y cuáles son hipótesis —quién la usó o qué pensó al verla—. Luego compara ese registro con la carta correspondiente de tu baraja actual. Encontrarás parecidos de forma, pero quizá no una cadena intacta de significado.
Para entender la función de los triunfos, continúa con el tarot antes de la adivinación. Si quieres estudiar una baraja contemporánea, la guía de historia del tarot sirve como mapa y el manual de la edición que tienes te dirá cómo trabaja sus imágenes.
Por qué «primera baraja» no tiene una respuesta única
Cuando un museo fecha una carta «hacia 1450», ofrece una atribución basada en las propiedades y la documentación disponibles. No establece el día en que se jugó por primera vez con ella. Además, una carta pudo pertenecer a una serie que ya no existe entera. Si un texto divulgativo presenta un mazo incompleto como «el primero de la historia», conviene preguntar: ¿primero documentado, primero conservado, primero completo o primera reconstrucción moderna de un modelo antiguo?
El caso Visconti permite ensayar esas preguntas. Hay conjuntos que se relacionan con personas y talleres concretos; sus fechas son aproximadas, y sus cartas supervivientes se reparten entre instituciones. La atribución a una corte o un taller indica un contexto razonable de producción. No permite deducir que allí se inventó por primera vez el concepto de triunfo ni que nadie jugaba fuera de ese círculo. La propia concentración de referencias conocidas en varias ciudades del norte italiano, señalada por el Met, invita a estudiar una red de circulación más que una sola escena fundacional.
También importa no confundir las cartas de tarot con todos los naipes. Los palos son anteriores dentro de la tradición de juego, y el añadido de triunfos cambia la mecánica. Por eso una imagen de una carta de copas de fecha temprana no demuestra automáticamente la existencia de un tarot completo. Para identificar el conjunto, necesitamos relación con triunfos, documentos de la baraja o un inventario fiable. La palabra «tarot» en una tienda contemporánea no puede rellenar retroactivamente lo que no sabemos de un objeto antiguo.
Cómo leer una noticia sobre el origen
Haz una comprobación en tres columnas. Escribe la frase que encontraste, el objeto o documento que la sustenta y lo que ese objeto permite concluir. Por ejemplo, «había tarots en Milán a mediados del XV» puede apoyarse en cartas milanesas catalogadas. «El tarot fue inventado por una persona de Milán en un año exacto» necesita una prueba adicional que esas cartas no proporcionan. Si la segunda columna está vacía, conserva la idea como hipótesis o tradición, no como fecha establecida.
El ejercicio no reduce el atractivo del tarot. Hace más nítido lo que sí sabemos: sus imágenes cambiaron de manos, técnicas y usos durante siglos. Para un lector de hoy, eso explica por qué un libro sobre una edición moderna puede ser útil sin pretender recuperar los pensamientos originales de un pintor de 1450.
Fuentes consultadas
- Tim Husband, «Before Fortune-Telling: The History and Structure of Tarot Cards», Metropolitan Museum of Art, 2016. Consultado el 26-09-2026.
- «A history of tarot cards», Victoria and Albert Museum. Consultado el 26-09-2026.
- «The World in Play: Luxury Cards, 1430–1540», Metropolitan Museum of Art. Consultado el 26-09-2026.