Sabio Tarot · Historia y curiosidades
Pamela Colman Smith y las imágenes del Rider-Waite-Smith
En el Diez de Bastos Rider-Waite-Smith, una persona carga un haz de varas. Quien aprende tarot puede empezar describiendo esa acción antes de abrir un diccionario de significados. Esa posibilidad se debe al trabajo visual de Pamela Colman Smith: sus numerales se organizaron como escenas legibles, un cambio decisivo respecto de las cartas que muestran principalmente símbolos del palo.
El Victoria and Albert Museum identifica a Colman Smith como diseñadora de las litografías de la baraja vinculada a Arthur Edward Waite y al impresor Rider. El British Museum la registra como ilustradora, escritora y diseñadora. Nombrarla permite atribuir las imágenes a una persona, no a una marca o al autor del manual.
Qué hizo ella en el proyecto
El V&A explica que Waite dio indicaciones precisas para los triunfos o mayores, mientras Colman Smith tuvo más libertad para diseñar los menores. Las cartas resultantes ofrecen acciones, gestos y relaciones entre objetos que invitan a leer detalles. Eso no significa que cada escena tenga una sola interpretación correcta: el dibujo proporciona evidencia visual para elaborar una lectura, y el contexto de la pregunta sigue importando.
Un ejemplo: ante el Diez de Bastos, puedes observar la dirección del cuerpo, la cantidad de varas y la dificultad de transportarlas. De ahí puedes proponer una hipótesis sobre carga o esfuerzo. Si la carta aparece en una posición de recurso, quizá hable de capacidad de sostener una tarea; en una posición de obstáculo, de acumulación excesiva. Ambas son lecturas editoriales contemporáneas a partir de la escena, no una frase que la artista imprimiera como destino fijo.
El Met recoge ejemplos de reinterpretaciones actuales de las imágenes de Colman Smith. Su influencia se aprecia también en lo que otros artistas deciden conservar o cambiar. Si una edición moderna altera personajes, objetos o entorno, hay una decisión creativa; no tiene sentido describirla como copia exacta sin comparar cartas.
La fecha exige atención al objeto
El V&A sitúa la primera publicación del mazo en 1909, mientras la ficha de su ejemplar indica una primera impresión en 1910 y una reimpresión de 1916. Esto puede referirse a historia del proyecto y a ejemplares o tiradas concretas. Para una descripción histórica general, «publicado a comienzos del siglo XX» evita forzar una coincidencia que la propia fuente no ofrece sin matiz. Para una pieza concreta, hay que citar la fecha de su ficha.
Un juego conservado por el British Museum es una edición de 1968 realizada «a partir de» Waite y Colman Smith. No es una caja impresa en 1909. Esta diferencia entre autoría del diseño y fecha del ejemplar se pierde con facilidad en tiendas y fotografías.
La comparación que muestra su aportación
Busca el Cinco de Copas de una baraja de Marsella y el de una Rider-Waite-Smith identificadas por edición. En la primera encontrarás una composición de copas y decoración; en la segunda, una escena que permite observar figura, postura y objetos. No se trata de que una carta «diga más verdad». Cada sistema propone una superficie de lectura distinta.
Haz dos columnas: «lo visible» y «lo interpretado». En la primera anota solo lo que cualquiera podría señalar en la carta. En la segunda, las asociaciones que haces. Cuando trabajes con un menor ilustrado, este método evita atribuir al dibujo algo que no aparece. Cuando trabajes con Marsella, impide importar sin aviso una escena de otro mazo.
La obra de Colman Smith merece estudiarse como diseño, no solo como instrumento para aprender significados. Su contribución fue elegir qué mostrar y cómo organizarlo en 78 superficies de lectura. Para profundizar, sigue con qué aportan las escenas Rider-Waite-Smith y quiénes fueron Waite, Rider y Smith.
La imagen enseña a leer, pero también puede dirigir demasiado
Una escena facilita recordar una carta porque da al ojo relaciones que una lista de palabras no ofrece. Sin embargo, también puede hacer que una primera impresión gobierne toda la consulta. El lector ve una figura con gesto abatido y traduce «fracaso» incluso si la pregunta y las cartas vecinas piden una lectura más abierta. El dibujo aporta información, no licencia para saltarse el contexto.
Por eso conviene ensayar dos pasadas. En la primera se describe el objeto sin adjetivos psicológicos: figura, postura, objetos, orientación, distancia. En la segunda se propone una interpretación limitada a la posición de la tirada. Una tercera lectura busca un detalle que contradiga la primera hipótesis. Si no existe, la hipótesis puede mantenerse como posibilidad; si existe, se ajusta. Este procedimiento hace visible el trabajo que Colman Smith permitió al diseñar escenas observables.
Una comparación con un menor de Marsella refuerza la lección. En el mazo de pips, el observador necesita construir la relación a partir de número, palo y composición. En Rider-Waite-Smith, el artista propone una situación que puede parecer casi un argumento. Ninguno de los dos métodos elimina la responsabilidad de formular bien la pregunta ni convierte el dibujo en testimonio sobre otra persona.
Evitar dos formas de borrar la autoría
La primera es llamar «Rider» a las escenas como si una editorial hubiese trazado cada personaje. La segunda es atribuir a Colman Smith, sin evidencia, toda frase de un manual posterior sobre el significado de sus dibujos. La artista creó imágenes; Waite orientó el proyecto y escribió textos; lectores y editores posteriores elaboraron nuevas interpretaciones. Una frase clara puede reconocer las tres capas sin mezclarlas.
Si una baraja actual dice «inspirada en Smith», comprueba con dos cartas qué mantiene. Una puede conservar composición y cambiar personajes; otra puede desplazar los objetos y producir una escena nueva. La inspiración es una relación artística, no una garantía de copia exacta. Y si el libro de acompañamiento afirma que cierta figura «representa» de manera fija a la consultante, esa es una propuesta de lectura que debe juzgarse por su utilidad y prudencia, no por llevar un nombre histórico en el estuche.
El ejercicio más revelador es escribir una ficha de un numeral con cuatro líneas: «observación», «asociación de mi manual», «hipótesis para esta pregunta» y «dato externo que necesito comprobar». Así el diseño de Colman Smith conserva su lugar central sin transformarse en prueba de un hecho que la imagen no puede mostrar.
Fuentes consultadas
- «A history of tarot cards», Victoria and Albert Museum. Consultado el 26-09-2026.
- Pamela Colman Smith y baraja de 1968, 1982,U.4643.1-78, British Museum. Consultados el 26-09-2026.
- «It's in the Cards», Metropolitan Museum of Art. Consultado el 26-09-2026.