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Sabio Tarot · Historia y curiosidades

Por qué una baraja de tarot suele tener 78 cartas

Coloca sobre la mesa cuatro grupos de 14 cartas, una fila de 21 triunfos y el Loco. La suma es 56 + 21 + 1 = 78. La cuenta parece sencilla, pero contiene una advertencia histórica: describe la estructura que se volvió familiar, no una ley que todas las barajas de todas las épocas hayan cumplido.

El Metropolitan Museum of Art explica que cada uno de los cuatro palos italianos tenía diez numerales y cuatro figuras: rey, reina, caballero y sota. Los 21 triunfos figurativos se añadían junto con el Loco. Este mapa sirve hoy para comprobar si un mazo, un libro y una tirada hablan el mismo lenguaje.

La cuenta de las cartas de palos

Copas, espadas, bastos y oros son los cuatro palos italianos que describe el Met. Cada uno comprende cartas del As al Diez y cuatro figuras. Cuatro veces catorce son 56. Un ejercicio práctico es separar tu baraja por palos y verificar dos cuestiones: ¿los numerales muestran solo símbolos repetidos o una escena completa?, ¿cómo se llaman las figuras?

La respuesta importa para estudiar. Un manual basado en escenas de Rider-Waite-Smith puede describir una persona o un paisaje que un numeral de Marsella no contiene. Ambos mazos pueden sumar 78, pero esa cifra no los vuelve visualmente idénticos.

También es fácil confundir el tarot con un juego ordinario de 52 cartas por contar cuatro palos. La distribución de rangos y la presencia de los triunfos cambian el conjunto. El Met observa que los palos europeos antiguos no fueron uniformes: número de palos, emblemas y figuras variaron entre regiones y épocas. No conviene imaginar una única baraja europea de la cual salieron todas las demás sin cambios.

Veintiún triunfos y el Loco

Los 21 triunfos forman una serie figurativa que en los mazos actuales suele llevar nombres como Emperatriz, Carro o Mundo. El Loco completa el grupo que hoy llamamos a menudo «22 arcanos mayores». La palabra «arcano» pertenece al vocabulario esotérico posterior; para explicar el juego del XV resulta más preciso hablar de triunfos, como hace el Met.

Separar al Loco de los 21 triunfos en la cuenta histórica tiene sentido porque su función en el juego no era simplemente la de otro triunfo más. En una lectura contemporánea puede entrar en el conjunto de mayores y tener un número impreso o ninguno. Por eso las expresiones «22 mayores» y «21 triunfos más el Loco» cuentan las mismas cartas desde propósitos diferentes, sin imponer idénticas reglas de juego.

¿Siempre fueron 78?

No podemos responder «sí» sin borrar la evidencia que complica la historia. El Met describe un tarot Visconti conservado con hasta seis figuras de corte por palo y tres virtudes teologales adicionales. El museo no decide si ese conjunto fue una excepción o una fase anterior a la estabilización de las barajas más conocidas.

La conservación también plantea un problema distinto del diseño. Si un museo posee 69 cartas de un conjunto, eso no demuestra que se fabricara como mazo de 69. Algunas pudieron perderse o quedar en otra colección. Hay que distinguir «número de cartas supervivientes» de «número original de cartas» y de «estructura típica reconstruida».

En cambio, un mazo moderno anunciado como tarot completo de 78 cartas permite una comprobación sencilla antes de comprarlo: cuatro palos de 14, 21 triunfos y el Loco. Si ofrece solo 22 cartas, puede ser una edición deliberada de mayores; si añade cartas extra, lee qué función les asigna el editor.

Usar la estructura sin convertirla en dogma

La cifra es una herramienta de navegación. Permite localizar una carta en un libro y saber qué parte de la baraja estás practicando. No determina por sí sola el significado de ninguna carta, ni prueba que dos barajas de 78 compartan escenas o métodos.

Si estás empezando, prueba una semana con cuatro cartas: un numeral de cada palo. Describe su imagen sin consultar significados y después lee la explicación de tu sistema. Con ese pequeño ejercicio verás que la estructura ordena el material, mientras la interpretación requiere observar una edición concreta.

Amplía la diferencia entre grupos en arcanos mayores y menores y la historia del juego en el tarot antes de la adivinación.

Lo que la cuenta no explica

La operación 4 × 14 + 21 + 1 describe una arquitectura, pero no responde por qué una carta se dibuja como se dibuja ni cómo se jugaba cada variante. Dos mazos pueden cumplir exactamente esa suma y ordenar de otro modo ciertos triunfos. Una baraja puede conservar los palos y cambiar las figuras de corte; otra puede reproducir escenas en todos los numerales. La aritmética te da un índice, no una interpretación acabada.

La diferencia entre una baraja conservada y una baraja completa también merece una cuenta separada. Si se han preservado 69 naipes de un conjunto antiguo, el número «69» describe el estado de conservación conocido, no necesariamente el diseño original. Para afirmar cuántos tenía en origen habría que examinar documentación, correspondencias y las cartas ausentes. Los conjuntos Visconti que estudia el Met muestran por qué no debemos sustituir esa investigación por la cifra moderna aprendida de memoria.

En una edición contemporánea sí podemos exigir más claridad. Si se anuncia como «tarot completo de 78 cartas», el índice debería dejar ver qué incluye. Suma cada palo y compara el total con la caja. Si aparecen dos cartas alternativas para un mismo lugar o cartas extra, no son necesariamente errores: el editor puede proponer variantes. Lee cómo recomienda usarlas y decide antes de barajar si forman parte de la tirada.

Una prueba de compatibilidad entre libro y mazo

Abre el índice de un manual y escoge cuatro lugares: Loco, Justicia, Cinco de Copas y Reina de Espadas. Localiza esas cartas en tu baraja. Comprueba título, número, ilustración y nombre de la figura. Si las cuatro son identificables, el mapa común te sirve. Si el libro habla de «arcano VIII» sin título y tu carta VIII tiene otra figura, anota la equivalencia para evitar estudiar el capítulo equivocado.

Este ejercicio muestra por qué una caja de 78 no hace «universal» un manual. El libro puede enseñar un método general mientras sus observaciones visuales pertenecen a una edición concreta. Trata cada tipo de información según su alcance: la cuenta es compartida, la escena puede no serlo y el significado depende del sistema y de la pregunta.

Para quien solo dispone de 22 mayores, el razonamiento funciona al revés. No le falta «calidad» a la baraja, pero sí 56 posiciones que un libro completo utilizará. Podrá practicar capítulos de mayores y necesitará un mazo completo cuando quiera seguir ejercicios de palos y figuras. La cifra es una indicación de cobertura pedagógica, no una medida de valor personal de la lectura.

Fuentes consultadas